La traducción jurada es una traducción que da fé del original puesto que restituye íntegramente el texto raiz. Está efectuada por un perito reconocido por los Tribunales y lleva su firma y sello además de la mención NE VARIETUR para atestar la fidelidad al mismo.

Los originales deben ser exhibidos al traductor para que los identifique como tales y pueda cotejarlos con la traducción efectuada. Sin embargo, en la práctica, la traducción puede esbozarse a partir de un scaner o de una fotocopia claramente legibles y proceder al Visto y Bueno in fine, cuando se entregue la traducción.

Las traducciones juradas son obra exclusiva de la mano de un perito reconocido por los tribunales. La jurisdicción prohibe certificar las traducciones que emanen de terceros. El hecho de conocer perfectamente las lenguas no es criterio suficiente para el visto y bueno sin dicho reconocimiento.

Un traductor intéprete jurado lo es únicamente de tres lenguas como máximo, según las últimas dispsiciones de los tribunales en la materia. Como ejemplo de ello, una traducción al español realizada por un traductor jurado de inglés no tiene valor alguno.

Las fotocopias de las traducciones juradas no son válidas y no pueden ser utilizadas para trámites oficiales, por ello se entregan dos ejemplares jurados originales de cada traducción efectuada.